miércoles, 25 de febrero de 2009

DE COMO PAGAMOS IMPUESTOS SIN UN FIN CONCRETO Y SOLO PARA FORRAR A LA CLASE POLÍTICA. (VI y último)

(viene del post anterior)

Todos estos parámetros sobre que gana un político, a que se dedica nuestro dinero, o de que modo la administración fiscal nos gestiona la vida hasta el punto de decirnos si el precio al que hemos vendido algo es o no caro o barato, este modo de intervencionismo no pega ni con cola con la otra máxima de nuestra economía. Porque España es un estado capitalista. Y si algo consagra esa forma de economía es la no intervención del estado en nada mas que lo estrictamente necesario.

Cuando en 1929 la bolsa neoyorquina se vino abajo el capitalismo inicio una reflexión que llega a nuestros días (aunque visto lo visto, no parece que haya servido para mucho). Todo empezó con la caída en picada del precio de los valores que se cotizaban en la Bolsa de Wall Street en Nueva York. La bajada masiva del valor de las acciones arruinó a muchísimos inversores, cerró empresas y bancos, condenó al paro a millones de personas y, debido al efecto dominó, trasladó el mismo problema a muchas naciones.

Las repercusiones fueron gravísimas tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo. Europa, que se estaba recuperando todavía de la Primera Guerra Mundial, conoció una nueva etapa de paro y miseria y, como consecuencia, el ascenso de movimientos de extrema derecha y de extrema izquierda. Y una década después derivo en una nueva guerra, en cinco años de destrucción y muerte y en otro ciclo de gravísimas privaciones. Lo sucedido en el jueves negro no se produjo por nada mas que por la avaricia trasladada a una población entera, pero motivo una de las acciones de intervención mayores de la historia de los Estados Unidos hasta la a ctual, y probablemente, según algunos que no para todos, de las mas eficaces de la historia.

El “New Deal” que Roosevelt aplico entre 1933 y 1937 sirvió para que un país entero renaciese económicamente hablando de sus cenizas, y para reactivar un sistema económico que, como luego explicare, muere de éxito cada cierto tiempo. Se crearon seis grandes grupos de medidas generales, en agricultura, industria, obras públicas, inversión privada y acciones sociales. Los objetivos principales de estas medidas eran la reflación, un termino nuevo que viene a unir dos términos totalmente diferentes (fuerte subida de los precios, inflación, junto con parada total del crecimiento, es decir, recesión). Todo para devolver la confianza a los inversionistas y distribuir el poder de compra. Porque en las economías como la nuestra la pura existencia de dinero, la patrimonialización económica, la posesión de propiedades, no sirve de nada si el efectivo no circula. El dinero tiene que correr para generar mas dinero, mas empleo, tiene que cambiar de manos. Y los precios deben subir, para que se haga necesario mas dinero, pero de forma pausada, para que de tiempo a insuflar ese nuevo dinero en el mercado. Pero entonces, ¿realmente es malo que el sistema se ralentice?. Bueno, depende cuanto. En los últimos años España ha producido crecimientos alrededor del tres por ciento, de modo sostenido. Si fueran del dos, también sostenidos, la cosa iría mas lenta, pero tampoco iría mal ¿Y si fuese del ocho?.

Japón, que ostenta records en cuanto a crecimiento anual de su economía, sobre todo en los años cincuenta y sesenta, es un claro ejemplo de que pasa cuando el capitalismo muere de éxito. Japón es actualmente la tercera economía del mundo, y en 2005 obtuvo una tasa de crecimiento de mas del cinco por ciento. Y así fue hasta los años 90, momento en el que la modernización del estado, y otros condicionantes externos, motivaron que el desarrollo se ralentizase hasta el punto de entrar en recesión, con caídas en bolsa espectaculares y todos los efectos especiales habituales en estos casos. Hubo cierres, obreros parados y protestas, pero hablamos de Japón, y la organización del estado, muy secularizado, con una organización empresarial basada en sistemas casi feudales, como los Keiretsu, organizaciones comerciales que aglutinan a productores, manufacturadores y distribuidores, ayudaron a una rápida recuperación. Y eso repito con medias de crecimiento superiores al seis por ciento durante décadas.

Todo esto viene al caso de los modos y maneras en que los gobiernos hacen circular la información para que la opinión publica vire en una u otra dirección a su voluntad. Y cuando a pesar de los sistemas utilizados, a pesar de la opacidad informativa en materia de gastos “políticos”, a pesar de la escasa claridad sobre a que se dedica el ultimo céntimo de dinero que nos quitan del bolsillo, a pesar de hacernos pagar dos o tres veces por el mismo servicio publico, a pesar de que los servicios públicos lo sean de pago, a pesar de todas las comparaciones con el extranjero, bueno pues cuando a pesar de los pesares nada nuevo sucede bajo el sol, es en ese momento cuando uno se pregunta ¿Para que pagamos impuestos? Y la respuesta simplemente es… lo desconozco. Hace algunos años que ignoro para que pago impuestos.

Conozco a un vecino que por su salud ha tenido necesidad de contratar un seguro privado de salud. No podía soportar tanta tardanza, tan pésimo servicio en una materia tan sensible, tan poca sensibilidad en el trato a las personas. Sus dos hijos van a un colegio cerca de casa… privado. El es de colegio publico, como yo, pero el centro mas cercano estaba demasiado lejos, demasiado madrugón para los niños. El privado cuesta pero esta mas cerca, y parece mas serio, con menos problemas subyacentes. Paga peaje de camino a su trabajo cada mañana, aparca en una calle cercana a la oficina donde paga la ORA porque una vez se olvido y la grúa se llevo su coche. Vuelve a casa y, como vive en una calle céntrica de un pequeño pueblo no encuentra sitio para aparcar cerca de casa. Pero paga en ese ayuntamiento el impuesto de circulación. No puede aparcar, casi no circula porque trabaja en otro municipio, pero paga. Y mas caro que en la ciudad de al lado. Curioso. Entra en casa y no se ve la televisión., ni las publicas ni las privadas, por lo que tiene contratado un canal de televisión digital. Y cada mes, indefectiblemente, a el también se le aplica una retención fiscal cercana al 20 por ciento. Pero el no tiene el sueldo de nuestro amigo, el diputado de antes. Mira su nomina y ve que de los 1.675 euros de sueldo que le corresponderían, el estado le ha sacado trescientos treinta y cinco. Y piensa ¿Para que?.

2 comentarios:

Zuhur dijo...

!A la güenas D. José Luis!

Desde su comienzo, mediados del pasado año, llevo leyendo las interesantes entradas de su Jalisia, esa entelequia.

Siempre me han causado profundo respeto y sana admiración las personas que por amar tanto a su país, el dolor les lleva a manifestar las más sentidas sensaciones respecto a su pueblo, aunque le puedan suponer alguna que otra contrariedad.

Como comprenderá hay cosas en las que podemos coincidir plenamente (las más) y otras en las que no; pero eso suele ocurrir con el resto de las circunstancias de la vida en la que nos toca representar el papel de meros comparsas de los grandes protagonistas: el poder económico y el religioso.

Ahora les llega una aparente nueva etapa con diferentes atuendos, pero, lamentablemente, los mimbres para hacer el cesto son muy similares a los anteriores.

Sepa que desde las Encartaciones del País Vasco hay al menos una persona que respeta sus manifestaciones y se solidariza con el amor a sus raíces, lo que no quiere decir con la totalidad del paisanaje.

Quedo a la espera de su nueva entrada.

Jose luis Louzan dijo...

Pues sepa usted que me emociona de una manera difícil de expresar el saber que no solo yo y el muy querido pero igual de masoca amigo Tony somos quien de perder el tiempo en la lectura de esta "cura de salud mental" que es lo que realmente significan estas entradas en este blog...

La posibilidad de no volverme loco a la vista de tanta estupidez, de tanta ignominia y de tanta tomadura de pelo consentida de los administradores a los administrados... con la connivencia de la mayoría de estos últimos...

Gracias infinitas por su compañía y sabias palabras...